 |
Pedro Almodóvar hace sus películas con una gran energía y una creatividad
única que se hace la experiencia de ir al cine en algo memorable. En la película, Toda
sobre mi madre, ha creado una serie de personajes femeninos que inspira una alcance
de emociones muy fuertes.
Manuela, la primera mujer de la película, está retratada como la madre
arquetípica y a la vez única. Su relación con su hijo y sus relaciones con todas las
otras mujeres demuestran su gran capacidad de amar y darse todo a las otras personas. Sus
interacciones con su hijo, que revelan un amor muy grande, cuadran con la imagen de cómo
se debe comportar una madre. Lo que es interesante y distinto en esta película es cómo
Manuela, después de la muerte de su único hijo, comparte su gran capacidad de amar y
cuidar de los otros a una nueva familia.
Esta nueva familia incluye todas las manifestaciones de lo que se puede
considerar una mujer. Vemos primero una prostituta tranvestista, Agrado, quien en su
propia manera es un ejemplo de la mujer perfecta. Esta representación excepcional de una
mujer problematiza lo que consideramos la perfección física (porque ella tiene un cuerpo
perfectamente hecho a través de la cirugía) y también el comportamiento apropriado para
una mujer. Ella se comporta con una confianza aparentemente completa pero por ser
prostituta, podemos ver su vulnerabilidad.
Otro personaje que muestra una vulnerabilidad semejante es Rosa, una monja
con un corazón grande y una propensidad de ayudar las transvestistas. La vemos como
vulnerable porque se hizo embarazada y seropositiva de unas de las transvestitas. Sin
embargo, el hecho simple de que ella va contra su familia y contra sus compañeras para
ayudar a estas mujeres y también su decisión para dar luz al hijo revela un espíritu
muy fuerte.
Por toda la película nos encerramos en el mundo único de estas mujeres y
sus representaciones en la pantalla son tan poderosas que nos sentimos así como
estuvieramos allí en Barcelona con ellas.
|