 |
El
mes de marzo es reconocido como el mes de la historia de las mujeres. Durante el mes
la organización, La Voz Latina, quiere reconocer a mujeres latinas que han tenido un gran
efecto en la comunidad latina. Esta semana honoramos a la poeta puertorriqueña, Julia De
Burgos.

Julia de Burgos nació en Carolina, Puerto Rico en 1914 y creció en el seno de una
familia humilde. De cara al sol y al viento esta poetisa puertorriqueña se levanta y
logra completar sus estudios en educación en la Universidad de Puerto Rico en el 1933.
Julia fue maestra, escritora, poeta que amó a su patria, luchadora, feminista en todos
los tiempos. Entre sus mejores poemas se encuentra: "Río Grande de Loiza" y
otros publicados en poemarios tales como: El mar y tú. En 1953 Julia muere en Nueva York.
Después de siglos de luchas. Julia deja su mejor legado, el de su lírica poética, a su
tierra: Puerto Rico.
A Julia de Burgos
Ya las gentes murmuran que yo soy tu enemiga
porque dicen que en verso doy al mundo tu yo.
Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos.
La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz
porque tú eres ropaje y la esencia soy yo;
y el más profundo abismo se tiende entre las dos.
Tú eres fría muñeca de mentira social,
y yo, viril destello de la humana verdad.
Tú, miel de cortesanas hipocresías; yo no;
que en todos mis poemas desnudo el corazón.
Tú eres como tu mundo, egoísta; yo no;
que en todo me lo juego a ser lo que soy yo.
Tú eres sólo la grave sentildeora sentildeorona;
yo no; yo soy la vida, la fuerza, la mujer.
Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no;
yo de nadie, o de todos, porque a todos, a todos,
en mi limpio sentir y en mi pensar me doy.
Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no;
a mí me riza el viento; a mí me pinta el sol.
Tú eres dama casera, resignada, sumisa,
atada a los prejuicios de los hombres; yo no;
que yo soy Rocinante corriendo desbocado
olfateando horizontes de justicia de Dios.
Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan;
en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes,
el cura, la modista, el teatro, el casino,
el auto, las alhajas, el banquete, el champán,
el cielo y el infierno, y el qué dirán social.
En mí no, que en mí manda mi solo corazón,
mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo.
Tú, flor de aristocracia; y yo, la flor del pueblo.
Tú en ti lo tienes todo y a todos se lo debes,
mientras que yo, mi nada a nadie se la debo.
Tú, clavada al estático dividendo ancestral,
y yo, un uno en la cifra del divisor social,
somos el duelo a muerte que se acerca fatal.
Cuando las multitudes corran alborotadas
dejando atrás cenizas de injusticias quemadas,
y cuando con la tea de las siete virtudes,
tras los siete pecados, corran las multitudes,
contra ti, y contra todo lo injusto y lo inhumano,
yo iré en medio de ellas con la tea en la mano.
|